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jueves, 20 de octubre de 2016

Xan López Domínguez.


Xan López Domínguez es un ilustrador de cuentos infantiles, y, además, un hombre entrañable que se recrea hablando de su tierra, Galicia, y de su trabajo.


Xan empezó haciendo ilustraciones para cuentos infantiles que, al principio, podían llevarle días acabar porque no estaba satisfecho con sus resultados. Pero con el tiempo llegó a dorminar de tal modo la técnica, los colores, las disposiciones, y esa línea central que, él sabe que ocupara el lomo del libro, que ha llegado a pasárselo realmente bien con su trabajo. Y si uno mira ese trabajo, puede advertirlo con claridad, esa sensación de esfuerzo en sus primeros volúmenes, y esa libertad expresiva, ese juego con el espacio y la línea en El Camaleón malcarado.


Nos habló del proceso de creación. Nos enseñó bocetos de sus dibujos y el resultado terminado y publicado en sus libros. Nos explicó por qué dejaba un espacio vacío, y por qué quería que las figuras estuvieran en ese otro lado. Nos hizo ver cuanta vida y cuanta profesión hay en un solo dibujo.


Xan habla con un tono de voz muy campechano, muy cordial, de gallego cercano y también de gallego "con retranca", como él lo llama. Y Galicia llena mucho de su corazón. Comparte con Irlanda un pasado sugerente y celta. Son dos pueblos contadores de historias. Xan dice que en su tierra aún se menciona la Santa Compaña. Pero un aparato tan pequeño como el móvil, nos dice mientras enseña el suyo, ha acabado para siempre con los mitos. Ahora todo el mundo lo fotografía todo. Ya nadie habla de espíritus.


Xan nos hizo creer durante unas horas en medigas y espíritus, y nos iluminó con el suyo. Nos recomendó que leyéramos a Álvaro Cunqueiro, como valedor de ese gran tesoro que es la ironía gallega. Alguien pidió que le repitiera el título de ese gran libro que nos recomendó. Se titula: "Crónicas de Sochantre."


Le hicimos preguntas. Queríamos saber cuanto tardaba en hacer uno de aquellos dibujos maravillosos, y estuvimos hablando de muchos temas, de Gila y de las columnas de Alfonso Usía en La Razón, del humor de tantos otros y de la vida.


Hablamos tanto que el tiempo se nos pasó volando. Pero tuvimos que irnos a nuestros quehaceres.


La tertulia no tuvo muchos asistentes. Pero estáis invitados para la próxima.

José C. 20 de octubre de 2016

Xan en Internet:





miércoles, 6 de mayo de 2015

Los huesos de Cervantes, de Javier Moreno Luzón en El País




La obra y figura del escritor representan la reencarnación del espíritu hispano. Para una identidad tan discutida y vapuleada como la española, el autor de ‘El Quijote’ es un emblema que sólo ha traído beneficios

Llama la atención esa rebusca de huesos que se traen arqueólogos y forenses en el convento madrileño de las Trinitarias. Pagados por el municipio, llevan meses removiendo osarios y, a falta de un análisis genético, afirman que, entre los restos desenterrados, podrían estar los de Miguel de Cervantes. Ante el comprensible desasosiego de las monjas, aún no saben qué hacer con semejante hallazgo, que ha costado ya más de cien mil euros en tiempos de recortes y ha merecido en los medios de comunicación un seguimiento lleno de detalles necrófilos. En la segunda década del siglo XXI, y con las novedades técnicas pertinentes, se reproducen comportamientos propios del XIX, cuando los despojos de glorias y héroes nacionales sufrían continuos trasiegos. En la España decimonónica se colocaban en monumentos y panteones de hombres ilustres, rodeados de conflictos entre políticos, clérigos y académicos. De hecho, ya entonces hubo búsquedas de la osamenta cervantina.

Cervantes despierta un interés enorme no sólo por su categoría literaria, sino también porque se ha convertido, a lo largo de los últimos doscientos años, en el símbolo indiscutible de España. Más aún, su figura y su obra se erigieron en la encarnación del espíritu hispano, de ese Volksgeist que tantos nacionalistas han buscado en escritores sublimes, capaces de captar el alma de un pueblo y su peculiar forma de ver las cosas, como Goethe, Dante o Camoens. Es decir, en torno a Cervantes y a su gran libro, Don Quijote de La Mancha, cuyo protagonista se confunde a menudo con él, se han generalizado, como advirtió el hispanista Anthony Close, visiones románticas: las que perciben en cualquiera de ellos, o en ambos a la vez, la esencia de la nación. Pocos han dejado de exhibir su orgullo por un autor y una obra reverenciados en todo el mundo, cumbres de la lengua nacional y síntesis de esa civilización transatlántica que se llamó Hispanoamérica, la Raza o la Hispanidad. Para una identidad tan discutida y vapuleada como la española, Cervantes sólo ha traído beneficios.